Añoranza

ya estuve en esa escuela

sus rastrojos forman parte de mí

y de vez en cuando los visito

para vaciar las cuencas de mis ojos

 

no hay mucho que os pueda decir

los lápices proyectan la arenisca mucho más allá de la terraza

y se arrodillan y quebrantan las miradas

que hoy más que nunca despiertan al bambú

 

y esos colores con los que te engalanaste el mejor día

el estanque cuyos peldaños remontas

y el abánico sopla hacia la ínsula

una vez las losetas desanden el balcón salino

 

polvo en la hierba

columbarios que emergen de los frutos

arenas prendidas en el ojal de la pizarra

y la invitación al decaimiento

a beber del charco

mientras soflamas y arrecifes

aguardan la llegada

 

la tiza ahoga el laberinto de la orquídea

supuran sobre el pupitre

y una vez cruzado el puente

y cuando la playa rice el viento

las luciernagas se cristalizarán en perlas

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de la placidez de las aguas estancadas

queda la oscuridad que inunda el reflejo de los juncos

y del vaivén de la ramita

una ligera sensación de desvalimiento

que se cura con el silencio

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los andares se nutren de la savia de aquellos senderos

que no por ser andados son conocidos

muy al contrario

son cortos

como el anhelo difuminado del rastro de la mariposa

en una mañana posada en el alfeizar

que no nos cansamos de entornar

como si la carrera del cervatillo

nos llevara al quicio de la orilla

donde compartir los manjares que los hules nos ofrecen

y que olisquean las abejas

con esa minuciosa trompeta que irrumpe en los corazones

como vallas que alejan de las crines

que escalan cumbres con faldas de melocotón

lagos con reflejos de miel en las comisuras

y alas que circundan la verruga

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                                                                                                        a A.P

no sé cuantas primaveras  se filtraron antes de conocerte

con tu corona de azucenas desafiando las corrientes más impetuosas

como si el mañana fuera una página abierta que invita a desandar la frontera

y los sombreros flotaran por las sombras del canalla avispero

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la primavera

poco sabemos

se enrolla en el ojal

y te agarra del cuello

con lienzos de una niñez

que injertamos en la memoria

con pétalos de azucena

y el canto del chorro

antes de la sequía

 

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dibuja las olas

en esa pared de piedra caliza

donde pules

las cosas por lo que hacen

 

conchas vestidas de soportales

abalorios posados en la cuna

que no hacen más que evacuar

la vorágine

 

no precipites

la palidez de la puerta

la arena solo sirve el canto de los jilgueros

mientras susurran

esos poros por los que escurres

Antología “Así es la cosa” Colección Libros Mínimos

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Subo una carretera anclada en las nubes

y el dolor del embrague bebe de mi boca

no veo más allá de la esquina

mi abuelo me tranquiliza sentado en la mula

 

los dedos son espigas bañadas en una vaso de leche

ese sabor de la nata

ese sabor de la nata

discurriendo por parpados de sudor frío

y los orines postrados en la columna que suda jarabe

 

el castaño suspira a mi paso

la alpargata me dice adiós con una sonrisa

y los bigotes del gato son ventanas

que anuncian el desfiladero

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THE DAY I TRIED TO LIVE

El día que intenté morir
soñaba arropado por plumas de Tegucigalpa
y me sonaba con un pañuelo que dejaba caer tornillos

ya no intenté quitarme el velo
ni retirar legañas con agua del pozo
solo intente vivir sin esperar en la marquesina

ANTOLOGÍA “VERSOS EN EL AIRE III” Editorial Diversidad Literaria (2014) 

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LA SOMBRA DEL MUSGO

Nada va a impedir que sea feliz,
lo digo con la boca del osado que busca cáscaras que iluminen el rincón de la higuera y lanza confeti rodando por las cuestas vestidas con trajes de piscina

las arenas del desierto son personas con las que no se suele contar, que mean en ceniceros manchados de zumo de fresas exprimidas en las huelgas que arrasaron Doñana

un traje de neopreno con fugas es lo último en Cosmética del enemigo, con un punzón para marcar la raya del pelo y el puente que une el glaciar con el instante

caballos de soles tatuados desafían la tormenta del candil de Carax que hace suya la máxima de correr tras bisontes y crines entregados al sumo placer de descarriarse por las aceras de Lavapies

el olor a matanza nutre mi piel de branquias sin escatimar reverencias al faro ahorcado por los ciegos

atender las demandas del paseo de Riazor es un trabajo que requiere un brindis con rosado y reconstruir los cubos de la memoria al ritmo de los gemidos silenciados por el aguacero

son muchas las carreteras donde dejaste tendones que ahora echas en falta como si la terraza de Carlos Cambronero hubiera dejado de pagar sobresueldos o los canguros se dejaran morir por no tener alma

el paseo de Jane Austen hasta la iglesia de los capuchinos es un osario de monjas sangrantes que nadan en ciénagas apartadas de los ancianos y cuyas aguas no calan hasta que la lágrima esculpe un queso en carne viva

si los vientos peinaran mis cartas antes del almuerzo quizás el fresno nos mostraría el frontón y sus grietas donde habita el sudor de la retama, ignorando que la mañana se viste de vulvas para cortejar ciruelos envasados en plástico hacendado

el crujido de la ventana orientada al campo y sus chimeneas desprende el aroma de la tienda de ultramarinos que fue la gran novedad en las faldas de los cuarenta y de la que no se han hecho eco los legajos y postizos soliviantados por el entierro de la sardina

subámonos al escenario para representar el acto final de la pianista con los tornillos desencajados por la tortura de las azucenas en su paseo diario hasta casa Mingo

prometí no escribir hasta que no me pidiera perdón bajo la grúa de Antonio López y los cajones sirvieran de hamacas a los lobos que escuchan Sugar man

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ECO

Porque no quiero nada contigo te digo que te amo

El eco arrastra urnas con aristas de silencio

Tengo los dedos abrasados de restregar camisas con perfume y sombreros de baúl

Y si te digo que lo sé, que estoy celoso, emprendo la huida al Capricho

Un regalo bajo tierra son los globos cansados de volar

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