Anarquista

son nubes

nevermore

su sabor me da igual

quizás sea cuestión de sAlir de la burbuja

sin pedir perdón

cruzando semáforos en rojo

20170630_180650

 

¿dónde estoy?

en El cementerio crecen las flores

los charcos dibujan haikus

y las praderas se revelan sin decir mu

 

no hay mañana

sólo el orgullo de decir hoy

sin pestañear

and…where am I?

olisqueando rincones

que el hipo puede discernirlo

mirándote a la cara

insultándote

con la piel espantando a la gallina

 

la mierda no sabe a nada

es el aire que sortea cotidianamente

la caja donde albergan los secretos

frecuentando las orillas

sin pinzas en la orejas

y los escalones presagiando Un baile

con lunares embarrando el arcoíris

 

no duermo en el quicio

el despertar enturbia el

sake cuyo aroma dejó de buscar en google

y esa huella

que dejan los que despiertan

pensando en la barba del perro

 

pásame l a t a z a

los tirantes flojean

y el silbido brama I promise you a miracle

 

el canal que dice “el Fuji es un ensueño”

y cruzó de nuevo

y el portátil masacrando humanos

y el arbusto juguetea

con el orín que chorrea la gorra

 

he ahí el paso del indeleble

la madrugada que no soporta el peso

hasta aquí hemos divergido

no hay mar que el cristal dilate

sin sonrojar a la mortadela que reseca una almohada

 

juzgar es propio de fumadores

a los reyes ya nadie les hace ni caso

y las bermudas son enemigas de los asientos

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Categorías: Anarquista, ¿por qué el ser y no la nada?, Haiku, Japón, Mark Lanegan, Muerte, Poesía, Sake | Deja un comentario

LA SOMBRA DEL MUSGO

Nada va a impedir que sea feliz,
lo digo con la boca del osado que busca cáscaras que iluminen el rincón de la higuera y lanza confeti rodando por las cuestas vestidas con trajes de piscina

las arenas del desierto son personas con las que no se suele contar, que mean en ceniceros manchados de zumo de fresas exprimidas en las huelgas que arrasaron Doñana

un traje de neopreno con fugas es lo último en Cosmética del enemigo, con un punzón para marcar la raya del pelo y el puente que une el glaciar con el instante

caballos de soles tatuados desafían la tormenta del candil de Carax que hace suya la máxima de correr tras bisontes y crines entregados al sumo placer de descarriarse por las aceras de Lavapies

el olor a matanza nutre mi piel de branquias sin escatimar reverencias al faro ahorcado por los ciegos

atender las demandas del paseo de Riazor es un trabajo que requiere un brindis con rosado y reconstruir los cubos de la memoria al ritmo de los gemidos silenciados por el aguacero

son muchas las carreteras donde dejaste tendones que ahora echas en falta como si la terraza de Carlos Cambronero hubiera dejado de pagar sobresueldos o los canguros se dejaran morir por no tener alma

el paseo de Jane Austen hasta la iglesia de los capuchinos es un osario de monjas sangrantes que nadan en ciénagas apartadas de los ancianos y cuyas aguas no calan hasta que la lágrima esculpe un queso en carne viva

si los vientos peinaran mis cartas antes del almuerzo quizás el fresno nos mostraría el frontón y sus grietas donde habita el sudor de la retama, ignorando que la mañana se viste de vulvas para cortejar ciruelos envasados en plástico hacendado

el crujido de la ventana orientada al campo y sus chimeneas desprende el aroma de la tienda de ultramarinos que fue la gran novedad en las faldas de los cuarenta y de la que no se han hecho eco los legajos y postizos soliviantados por el entierro de la sardina

subámonos al escenario para representar el acto final de la pianista con los tornillos desencajados por la tortura de las azucenas en su paseo diario hasta casa Mingo

prometí no escribir hasta que no me pidiera perdón bajo la grúa de Antonio López y los cajones sirvieran de hamacas a los lobos que escuchan Sugar man

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COMPOTA DE MANZANAS

Allí nacieron los antidisturbios con sus bufandas, degustando parpados con música de claqué.

Ebrios de estandartes conservan sus atuendos en fincas de embalsamados.

Ahí yace tu sombra, no tendrás que esquilar carne de potro para cruzar los peajes.

Tus gafas son los adoquines de las noches de dictadura cuyas farolas iluminan a los masturbadores.

No hay suficientes cristales en mi boca que me impidan escupir a la calle.

Ni un silbido más antes que la niebla anuncie tu partida.

Ojala amanezca mañana en la litera, en el horizonte no entran más fosas.

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