LA SOMBRA DEL MUSGO

Nada va a impedir que sea feliz,
lo digo con la boca del osado que busca cáscaras que iluminen el rincón de la higuera y lanza confeti rodando por las cuestas vestidas con trajes de piscina

las arenas del desierto son personas con las que no se suele contar, que mean en ceniceros manchados de zumo de fresas exprimidas en las huelgas que arrasaron Doñana

un traje de neopreno con fugas es lo último en Cosmética del enemigo, con un punzón para marcar la raya del pelo y el puente que une el glaciar con el instante

caballos de soles tatuados desafían la tormenta del candil de Carax que hace suya la máxima de correr tras bisontes y crines entregados al sumo placer de descarriarse por las aceras de Lavapies

el olor a matanza nutre mi piel de branquias sin escatimar reverencias al faro ahorcado por los ciegos

atender las demandas del paseo de Riazor es un trabajo que requiere un brindis con rosado y reconstruir los cubos de la memoria al ritmo de los gemidos silenciados por el aguacero

son muchas las carreteras donde dejaste tendones que ahora echas en falta como si la terraza de Carlos Cambronero hubiera dejado de pagar sobresueldos o los canguros se dejaran morir por no tener alma

el paseo de Jane Austen hasta la iglesia de los capuchinos es un osario de monjas sangrantes que nadan en ciénagas apartadas de los ancianos y cuyas aguas no calan hasta que la lágrima esculpe un queso en carne viva

si los vientos peinaran mis cartas antes del almuerzo quizás el fresno nos mostraría el frontón y sus grietas donde habita el sudor de la retama, ignorando que la mañana se viste de vulvas para cortejar ciruelos envasados en plástico hacendado

el crujido de la ventana orientada al campo y sus chimeneas desprende el aroma de la tienda de ultramarinos que fue la gran novedad en las faldas de los cuarenta y de la que no se han hecho eco los legajos y postizos soliviantados por el entierro de la sardina

subámonos al escenario para representar el acto final de la pianista con los tornillos desencajados por la tortura de las azucenas en su paseo diario hasta casa Mingo

prometí no escribir hasta que no me pidiera perdón bajo la grúa de Antonio López y los cajones sirvieran de hamacas a los lobos que escuchan Sugar man

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Categorías: Añoranza, Anarquista, Arte, Asturias, ¿por qué el ser y no la nada?, Cine, Muerte, Poesía, Rodriguez, Salvaje | Deja un comentario

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